HOMOFOBIA Y LOS MATRIMONIOS GAYS

Ayer, diecisiete de mayo, se celebró el Día Internacional contra la homofobia. Aunque hay muchos miembros del colectivo LGTBI que consideran que ya está casi todo conseguido y que poco queda por lo que luchar, no es así. Sobretodo cuando está oculta la homofobia, sí, oculta, disfrazada de una falsa progresía. Por ejemplo, los que dicen que no les importa las uniones de personas del mismo sexo, pero que la palabra matrimonio, no es la adecuada cuando el casamiento es homosexual (aunque si la unión civil es heterosexual, no les incomoda la palabra matrimonio).

A todos ellos les digo:

  • “Sí”. La unión de personas del mismo sexo se llama matrimonio. Es lo que es, y no unión civil u otra entelequia con la que hay muchos que siguen sin reconocer la igualdad de manera natural.

Se ha hablado mucho en entornos de ideología tradicional que a palabra matrimonio tiene en su contenido un alto componente religioso. Una vez respondí a un concejal de un ayuntamiento canario a este respecto:

  • Doy por bueno que no utilicemos la palabra matrimonio para los casamientos de personas del mismo sexo, por el hecho de ser uniones civiles y no religiosas, pero entonces, ¿se extiende el concepto a las bodas civiles heterosexuales? Lo que no sea en la iglesia no es matrimonio para los heterosexuales tampoco. Iglesia es igual a matrimonio, y el resto unión civil (pero todos). A mí utilizar la palabra matrimonio me da igual, pero sus limitaciones o no, deben ser universales.

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Me dejó atónito ver que me dio la razón, yo creo que lo hizo porque se vio acorralado. Es simple, ¿qué más da utilizar la palabra matrimonio o no? Es lo mismo, lo importante es el derecho civil común. Somos todos iguales en las mismas circunstancias. Eso es la igualdad.

Desde el pasado mes de marzo, se aprueba la ley que autoriza los matrimonios homosexuales en Finlandia, y, de esta manera, ya somos 22 países del mundo, ya sea en todo su territorio nacional o en alguna de sus regiones, los que hemos igualado civilmente las bodas del mismo sexo. En este sentido, como español, nos podemos sentir más que orgullosos de haber sido uno de los primeros países en el mundo en implementar este gran avance social. Sin que nadie lo interprete como un guiño a ningún partido, porque no lo es, estaré eternamente agradecido a José Luis Rodríguez Zapatero por haber llevado esta ley adelante en España, y sobretodo, por haber aguantado como un jabato la presión de la iglesia católica en España a este respecto.

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Algún día sabremos cual fue el precio que se pagó para que se dejara de tomar las calles todos los fines de semana, miles de familias movilizadas por la Conferencia Episcopal, con el lema de que no se destruyera la familia. Parecía que se venía el mundo abajo. Aquello era tremendo, el Armagedón, para ellos, el matrimonio de personas del mismo sexo era una amenaza a su modelo de familia. ¿Había detrás alguna razón lógica en todo aquello? Ninguna, simplemente que no se acepta todo lo que no es su modelo de familia.

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Hay quien dijo que la iglesia católica hizo todo aquello con el fin de sacar un rédito económico, yo, de eso, como no tengo pruebas, no voy a decir nada, aunque que curioso ver que Madrid pasa de la noche a la mañana de la movilización católico homofobia todos los fines de semana, a una paz absoluta, no se volvió a hablar de ello. Todavía recuerdo la imagen de María Teresa Fernández de La Vega y José Luis Rodríguez Zapatero en una recepción con el Papa Benedicto XVI. Y… De pronto… Todo quedó en declaraciones discriminatorias de diferentes personalidades de la iglesia católica española, en diferentes momentos, como el el caso del polémico obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla

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Tampoco se puede olvidar, como políticos, la gran influencia al respecto, mi paisano, admirado y querido, Pedro Zerolo, y de Carla Antolelli, actriz, política y reconocida activista de los derechos LGBT.

Como ya he dicho, ya somos 22 países los que hemos igualado derechos homosexuales y heterosexuales. Vamos avanzando:

  • Holanda; Bélgica; España; Canadá (primer país del continente americano en legalizar el matrimonio homosexual); Noruega; Suecia (donde también pueden ser religiosas); Portugal; Islandia; Dinamarca (primer país del mundo en reconocer a las parejas del mismo sexo con una ley de uniones civiles, hasta que en junio de 2012 el Parlamento aprobó una ley que reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo a nivel civil y religioso); Francia; Reino Unido (sólo en Inglaterra Escocia y Gales, pero no en Irlanda del Norte); Luxemburgo (con un primer ministro, Xavier Bettel, como primer jefe de Gobierno europeo casado con otro hombre); Irlanda (primer país en autorizar las bodas homosexuales mediante una ley aprobada en un referéndum); Sudáfrica; Nueva Zelanda (primer país de Asia-Pacífico que aprobó la ley); Argentina (primer país latinoamericano en legalizarlo); Brasil; Uruguay; Estados Unidos y Puerto Rico; México (no en todos los estados), Colombia, y ahora Finlandia.

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En cualquier caso todavía queda mucho por conseguir. Hay países que permiten uniones civiles de personas del mismo sexo, aunque no los denominan matrimonios, por ejemplo, Alemania, Grecia, Israel, y desde el 11 de mayo, Italia. Me resulta curioso ver en este grupo de países a Alemania, creo que en el fondo, para muchos, sigue habiendo un rechazo en pensar en la igualdad. Una cosa es que como heterosexual algunos consideren que les parece bien que dos personas del mismo sexo se quieran y se puedan unir, y otra cosa es considerar que son iguales homosexuales y heterosexuales ante la ley (con todo lo que ello significa). Si la igualdad, toca al bolsillo, es posible que haya a quien le duela, y mucho, si no, como que un país aparentemente avanzado en lo social, como Alemania, permite uniones civiles, pero no como matrimonios.

Todavía en 78 países, el 40% del total de los miembros de la ONU, seguían teniendo legislaciones que criminalizan las relaciones homosexuales. No estamos hablando de países que no apoyen una ley de matrimonio homosexual, sino de países que penalizan la identidad de género de una persona LGTBI. Que se lo pregunten a Jimena Rico, y su pareja, Shaza Ismail, pareja de chicas que han pasado una odisea huyendo del padre de Shaza, un adinerado egipcio que no aprueba su relación y que las ha perseguido por medio mundo. Por suerte, las tenemos entre nosotros. ¡Bravo!

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La adopción, un derecho aún pendiente. No está regulado en muchas leyes de matrimonio homosexual en el mundo, la adopción. Cada vez que me encuentro con alguien con el prejuicio de que dos personas del mismo sexo no pueden adoptar hijos, y en consecuencia, no pueden formar una familia, le pregunto:

  • ¿Acaso los heterosexuales han demostrado ser competentes como padres? ¿Cuál es su valor? ¿Qué siempre ha sido así? ¿La familia tradicional heterosexual es el paradigma de la perfección en la educación y desarrollo emocional de un niño?

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Con datos de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA) son menos los países donde se permite a las parejas homosexuales adoptar niños en igualdad de condiciones que las parejas de distinto sexo. La adopción es un derecho a alcanzar. Adoptar, no tanto como un derecho de los padres, sino de los niños. Los niños tienen derecho a tener los mejores padres y la mejor familia. A este respecto, la homosexualidad es tan perfecta, responsable, y adecuada, como la heterosexualidad para ejercer esta paternidad y/o maternidad.

Queda mucha lucha, mucha, por lo que el Gay Pride, es mucho más que carrozas fantásticas en las que nos lo pasamos muy bien. ¡No olvidemos la lucha! ¡Queda mucho por hacer!

Se nos rompió el amor

Carmen y Montse llevan quince años juntas. Se conocieron un verano en Ibiza. Montse, ocho años más joven, ojos verdes, cuerpazo. Bailaba aquella tarde de manera muy sexy en una fiesta al atardecer en Calla Longa. Carmen conquistó a Montse, no había mujer que se le resistiera. 
En octubre, Montse deja su residencia en Barcelona y se traslada a Madrid junto a Carmen. En noviembre empieza a trabajar en una agencia de publicidad. Un año más tarde, se casan. Un ático muy coqueto en la calle San Bartolomé, en Chueca, era el escenario del aquel amor. La pareja perfecta.

Dos años más tarde llega la crisis. Montse se queda sin trabajo. Pero no hay de que preocuparse, Carmen trabaja en una empresa de capital riesgo muy reputada, y aunque tiene una jornada laboral intensa, y trabaja muchos fines de semana, cobra unos incentivos considerables. El dinero no es un problema en casa, a pesar de que Montse se sienta cada vez más sola.

Un fin de semana al mes, van a Barcelona. Carmen hacía un esfuerzo en integrarse, aunque alguna vez no le gustara que se dirigieran a ella en catalán. A principios de 2013, uno de los fines de semana en los que normalmente se marcharían a Barcelona, Carmen le dice a Montse en el último momento:


– Cariño, no me voy a mover de Madrid. Tengo una reunión el lunes a primera hora para intentar vender una empresa que en este momento tenemos en cartera.
Montse se quedó hecha polvo. Carmen, con su actitud, no le dio opción: 
– Vete tú sola, no te preocupes, voy a estar muy liada. 
Montse, muy jodida por la situación se marcha a Barcelona. Ese fin de semana fue el primero de otros tantos que vinieron después. ¿Y Carmen? ¿Cómo se siente? Ella está tranquila, ¿qué problema hay? Considera que habiendo dinero, no hay de que preocuparse, son la pareja perfecta, ¿o no? No se daba cuenta que Montse estaba cada vez más frustrada y sola. El sentimiento de exclusión que experimentaba le hacía sentir muy mal. Sentirse excluido es lo peor que nos puede pasar. Y si quien nos aparta es nuestra pareja, es terrible. 
Ese fue el primer fin de semana en soledad, pero no el último. En uno de los fines de semana en los que Montse se va sola a Barcelona, Donatella, íntima amiga suya, le comenta que en una agencia de publicidad catalana, busca un perfil como el suyo. Montse lo pasó fatal. Por un lado, se volvía loca por coger ese trabajo, por el otro, sabía que si lo aceptaba, podía ser el fin de su matrimonio, la separación definitiva. Esa noche de sábado, después de hablar con Donatella, Montse llama a Carmen y le cuenta lo del trabajo (muy nerviosa, pensando que Carmen se podía enfadar). La respuesta de Carmen fue:

Wow, Montse, me parece genial. Entre semana a penas nos vemos, es una realidad. Esto es una oportunidad para ti, por fin tienes trabajo, acepta la oferta. Eso sí, mira bien las condiciones, y no te vayan a meter gato por liebre, luego te envío un mail para darte pautas de como encarar la negociación del puesto. Además, tengo un dinero ahorrado, podemos comprarnos un apartamento en L’Example y así tenemos dos residencias. Una en Madrid y otra en Barcelona. ¿A que mola?
Montse acepta el trabajo y empieza a vivir la vida que hacía mucho que deseaba tener. Ambas desarrollan sus carreras profesionales en Madrid y Barcelona, e intentan pasar los fines de semana juntas. Montse conoce a Asumpta, una chica de Olot que trabaja en la agencia. Empiezan a intimar más. Uno de los tantos fines de semana en los que Carmen cancela el viaje a Barcelona en el último momento, Montse invita a cenar a Asumpta. Esa noche fue el comienzo de una relación que Montse vive paralela a su matrimonio. Carmen enfrascada en su trabajo no se está dando cuenta que poco a poco ha ido perdiendo a aquella catalana con unos ojos verdes espectaculares y un cuerpo precioso. 
Este verano del 2015, Carmen recibe una llamada de su abogada. Montse le presenta una demanda de divorcio. Carmen no reacciona. No entiende que pasa. No sabe que hacer: 

– Pero si he comprado el piso en L’Eixample para las dos. Además del ático de Chueca… ¿Qué más quiere?
Montse, en este momento, con la autoestima fuerte gracias a Asumpta, le dice a Carmen por medio de su abogada: 

El dinero no lo es todo. Desde que me quedé en paro, estoy muy sola. No has hecho nada por tenerme en cuenta, me has ido perdiendo poco a poco. He necesitado sentirme querida, atención. Todo eso lo perdí contigo, ahora lo he vuelto a encontrar, y no quiero dejar escapar la oportunidad de ser feliz con alguien que me tiene en cuenta. 
El veintisiete de septiembre tienen un primer intento de conciliación, la cosa pinta mal. Montse, dolida por sentirse abandonada durante tanto tiempo, vive ahora ilusionada con Asumpta. Tiene la intención de empezar una nueva vida. Siente por Asumpta la típica pasión con la que comienzan muchas relaciones de pareja. 
Carmen en shock, no reacciona. No se da cuenta, o no quiere reconocer, que ha perdido a Montse por no darle cariño, por no atenderla. Dinero y una posición social no lo es todo. Por ahora sólo le preocupa destacar que se han casado por separación de bienes, y que si Montse de separa, lo pierde todo. Intenta retenerla por el miedo a perder lo material.
Montse no lo ve así:
–  Lo dejé todo por marcharme contigo. Me debes una compensación.
¿En qué terminará todo esto? Da igual, este es un divorcio como otro cualquiera. No tiene mayor interés.

Me planteo, contando esta historia, que Carmen podría ser España y Montse Cataluña. ¿No? Montse ya no quiere a Carmen, de la misma manera que Cataluña ya no quiere a España (o al menos, eso parece). Personalmente, aunque con muchas puntualizaciones, creo que la ficción se parece bastante a la realidad (en lo que a las emociones se refiere).

Me pregunto lo siguiente:


– ¿El pueblo español, que no los políticos, es igual de indiferente a Cataluña, de la misma manera que Carmen con Montse? ¿El pueblo catalán, que no los políticos, se siente ignorado o excluido de la misma manera que Montse? ¿Le importa? ¿Hay arreglo? ¿Realmente ya no nos queremos? ¿Ha terminado lo nuestro? ¿Se nos rompió el amor?

Asumpta, “Junts pel Sí”, ¿podrá dar Montse el amor que ella necesita o es todo un espejismo? Parece que Montse siente que sí (que le puede dar el amor que ella necesita). 

Carmen, mientras, sólo está pensando en la “separación de bienes” y no quiere entender como es posible que Montse haya llegado a esa determinación. 

El daño, creo que ya es muy grande, la fractura enorme. Y estamos todos implicados. En un divorcio fallan los dos, hay dos culpables, no hay víctimas ni verdugos. No nos confundamos en ello.

Y bajo mi punto de vista, hay una cosa muy clara:


– En un divorcio, se empobrecen los dos. Sin duda. Por mucha pasta que haya, pierden -económicamente-, los dos. 

¿En qué quedará todo esto?

¿libertad de expresión?

http://www.elcajondesastre.com/reyes-del-amor-vilipendiada-en-madrid-por-su-sexo/

Todavía no somos conscientes del verdadero valor de que tienen las redes sociales en la realidad actual, y muy pocos quieren hacerse eco de ello. En estos días, un perfil de cierta notoriedad en el entorno del Festival de Eurovisión en España, con mucha visibilidad en Facebook y en TVE, publica en su muro un post es el que comenta una agresión que ha sufrido en un local gay de Madrid. El tono y vocabulario utilizado, ha provocado un aluvión tanto de críticas, como apoyos de todo tipo. La agresión en sí, que en realidad es lo más importante, ha pasado a un segundo plano, mezclándose otros temas en las discusiones. Homofobia, independentismo, machismo, libertad de expresión, salen a la luz creando una confusión absurda como si un cubo de Rubik se tratara.  
Como pueden ver en este segundo enlace, los participantes de un experimento realizado en Bélgica, quedan asombrados creyendo que el adivino conoce detalles importantes de su vida, cuando en realidad lo único que ha hecho ha sido seguir sus perfiles en una red social.
Conclusión, si expresamos juicios y valoraciones, estamos expuestos a que nos juzguen y valoren. Si opinamos, opinarán sobre nosotros. Cuidado con la privacidad, es importante saber quien nos sigue, a quien seguimos, y la configuración del acceso a todo ello. Y si se quiere expresar una posición personal, mejor no ser quien crea el debate, sino ser partícipe de uno que ya exista. Hay muchos foros de discusión en los que nos podemos manifestar de manera individual, sin tener que un protagonizar ninguna cruzada sin sentido. Aunque si el EGO nos traiciona, con no seguir los consejos de esta conclusión, ya sabemos como ganar visibilidad, a un precio elevadísimo, claro.