de Florence Foster Jenkins a Danny Bowman

Florence Foster Jenkins contestó una vez a una crítica de una de sus actuaciones, diciendo: 
-“La gente puede decir que no sé cantar, pero nadie podrá decir nunca que no canté”.
Dejó claro que ella hacía lo que le daba la gana y que su pasión era la música, por encima de cualquier cosa. Cierto es que se lo podía permitir. Florence tenía dinero, la herencia de sus padres, quienes en vida no la apoyaron en su carrera, le permitió dedicarse a lo que realmente le fascinaba, cantar. A Florence no sólo le faltaba voz, eso casi era lo de menos. Lo peor era su poco oído y el sentido del ritmo, que obligaba a sus acompañantes al piano a seguirla como podían a lo largo de la actuación, en búsqueda de acordes que dieran sentido a todo aquello. Pero a ella no le importaba, hacía lo que le apasionaba, cantar, a ello dedicó su vida. No se le puede reprochar que no recibiera innumerables clases de música, se preocupó por formarse y ser la mejor (ella al menos, así se sentía). Se creía una buena intérprete. Justo un mes antes de morir, después de treinta y dos años de carrera musical, y con setenta y seis años, da un recital en el Carnegie Hall. Para este concierto se agotan las entradas dos semanas antes del evento. Florence tenía innumerables seguidores, quienes la adoraban por la diversión que proveía en lugar de por su habilidad musical. Las críticas despiadadas de los profesionales servían para picar la curiosidad del público, seguramente necesitado de un número cómico más que musical. Es indudable que actualmente se le recuerda, y yo, por ejemplo, estoy hablando de ella. En la red hay muchísimas referencias a su biografía, a pesar de que falleció hace casi setenta años. 
En realidad mi objetivo no es hablar de Florence Foster Jenkins, sólo la he utilizado como pretexto para hablar de Redes Sociales. ¿Tendría ella canal en Youtube si viviera en nuestra época actual? ¿Sería una heavy user en Instagram? ¿En Flipboard? ¿Facebook? Y por supuesto, ¿Twitter? Estoy absolutamente seguro que ella sería muy activa in The Social Media World, sin ninguna duda. Y no sólo eso, dada su personalidad y por el tipo de carrera que tenía, sería tendencia y de los perfiles más visitados en la red en sus diferentes perfiles, seguro. 
La Social Media, ofrece la oportunidad de mostrarse y darse a conocer al mundo. Esto va mucho más allá de lo que nos creemos. Virar contenido, o lo que es lo mismo, compartir, recomendar, y difundir material por parte de cada uno de nosotros, hace que el “boca a boca NET”, sea el vehículo para conseguir ser visible al mundo. Esta es la grandeza, y al mismo tiempo, la miseria de Internet y de las Redes Sociales. La grandeza por lo democrático y accesible, y la miseria porque hacerte visible no puede ser a cualquier precio. Hace una semanas, un chico de diecinueve años, Danny Bowman intentó suicidarse debido a su obsesión por su imagen. Pasaba hasta diez horas diarias haciéndose selfies y observando su aspecto. Esta obsesión la tenía desde los quince años, obsesionado por su aspecto y gustar a las chicas. Se hacía más de doscientas fotos al día. Estuvo seis meses sin salir de casa y cuando no pudo hacerse la fotografía perfecta, intentó suicidarse con una sobredosis de medicamentos. Le diagnosticaron trastorno dismórfico corporal. Esta patología, se caracteriza por la obsesión de tener algún defecto físico, real o imaginario. Danny, finalmente fue ingresado en un hospital, en donde hubo que empezar por tratar su dependencia al teléfono móvil y a las redes sociales. En unas declaraciones al Daily Mirror, Danny reconoce:
– “Estaba constantemente en busca del selfie perfecto y cuando me di cuenta que no podía me quise morir”.

Un selfie es un autorretrato realizado con una cámara fotográfica, principalmente digital, de teléfono móvil, cuyo principal objetivo es compartirlo en Redes Sociales. Casi todos nosotros nos hemos hecho alguno, delante o no de un espejo, justificado o no, por necesidad racional, o simplemente porque nos apetecía colgar una foto en Instagram o Facebook. Como dije antes, Internet, las redes sociales y la dimensión que están cobrando actualmente, tienen luces y sombras. La luz por tener la posibilidad de acceder a un sin fin de contenidos, y las sombras por posibilitar hacer visible lo peor de cada uno. Actualmente se habla de una nueva patología, la nomofobia (miedo irracional provocado por no tener el móvil en las manos), según CEETA (Centro de Estudios de Trastornos de Ansiedad), el 53% de los españoles padecen algún tipo de nomofobia. Más de la mitad de los españoles, da miedo leerlo. La dependencia a los terminales móviles tienen que ver mucho más con nuestras necesidades emocionales, que con el estilo de vida. EL estilo de vida, se manifiesta a través de ello y de la coyuntura social y económica. Somos nanofóficos porque adolecemos de muchas más cosas de lo que nos creemos, y como no, necesitamos válvulas de escape. A ello, hay que añadir que estamos atrapados por la inmediatez, todo lo queremos “AHORA”. Hace veinte años, una cita se acordaba con una semana de antelación, generalmente por una cita anterior o llamada telefónica. Ahora, cerramos una cita el mismo día, y cuando todavía no hemos llegado, nos llega un Whatssapp preguntándonos por donde estamos o si hemos o no aparcado. Lo que realmente es una herramienta de ayuda, se convierte en nuestra propia trampa, no somos capaces de la espera, de la espera paciente, de la espera consciente. ¿Esta obsesión por la inmediatez destapa la falta de confianza que tenemos muchos de nosotros? Tenemos la necesidad de reafirmarnos continuamente, y las nuevas tecnologías nos facilitan este refuerzo, aunque lo acercan a la obsesión. 
Einstein dijo una vez, “el problema del hombre no está en la bomba atómica, sino en su corazón”. Si relaciono tecnología, el uso que la humanidad ha hecho de ellas, y las emociones, llego al tópico, la conclusión que cada uno de nosotros ha expresado alguna vez en su vida. El problema siempre está en el uso que se hace de… 
Sería interesante si cada uno de nosotros se mirara al interior e identificara cual es la verdadera propuesta de valor que puede ofrecer al mundo. NUESTRA PROPUESTA DE VALOR PERSONAL, lo que nos hace únicos, diferentes, y no les quepa ninguna duda, lo somos, y podemos expresarlo al mundo. Casi todos nosotros tenemos pasión por algo, nos aficionamos a diferentes actividades, nos cultivamos en materias, y tenemos talentos escondidos que nos distingue de lo que nos rodea. Es una pena, pero pocos perfiles de redes sociales me encuentro en los que detecte a usuarios dispuestos a mostrar lo que cada uno sabe más que muchos y los temas por los que siente verdadera pasión. Si esto fuera así, trabajaríamos más que por tener muchos o pocos selfies, o geolocalizaciones; en mostrar al mundo que es lo que nos apasiona, cual es la materia de la que somos expertos y sabemos como pocos, nuestra propuesta de VALOR PERSONAL. La Social Media sería más enriquecedora, humana, y posiblemente menos patológica de lo que estamos viviendo ahora. Sería interesante cambiar “inmediatez” por “disfrutar el momento”, y “mostrar” por “compartir”. Al hablar de “compartir” me refiero al sentido de repartir, dar, enseñar lo mejor de nosotros. Tenemos contenido con el que podemos sorprender, mucho más de lo que nos imaginamos. Indaguemos en lo que nos apasiona y ahí está lo más interesante de cada uno de todos nosotros. 
Como conclusión, un consejo:
– “Lo mejor para el uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales, es disfrutar el momento (mejor vivirlo que compartirlo en la red). Olvidarnos de que “todo es para ya”, todo tiene su tiempo. Ser consciente de que tenemos cada uno de nosotros una gran propuesta de valor, representando lo mejor que podemos mostrar de nosotros en la red”.

2 respuestas a “de Florence Foster Jenkins a Danny Bowman

  1. Yo me pregunto como puedo pensar que todo lo que escribas, hagas o digas no me sorprende, pues si, me sorprende porque tu eres sorprendente, eres unico, eres genial, en defimitiva, eres GRANDE, yo que fui un poco a parbulitos, me admiro y te admiro. Muchos besos GRANDE

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  2. Completamente de acuerdo. Pero me voy a detener, en comentar lo que es una “epidemia digital” e incontrolable, el afan de cada usuario por emitir lo que la persona anterior emite… me explico: el aluvión de imagenes, videos, cadenas, solicitudes de crear milagros… que se suceden uno detrás de otros.
    Esto además es una marea de pixeles que se entremezclan con peticiones de ayuda, que nos es posible distinguir, si es verdad o no.
    Alarmas sociales, que llegan y que nadie analiza…
    Con tanto cerebro vivo y listo en el arte digital… (ya deberia llamarse ARTE) por qué no crear un app.. antispam.. o como quiera llamarlo para todas estas “epidemias digitales” y así poder decidir si quieres intervenir o no, en este “barrio”
    Por otro lado, me pregunto, si es realmente un fenomeno social creado por cada usuario, o si detrás de toda esta “epidemia” hay algo más, que no sabemos interpretar… ahi queda… este es mi ánalisis al nuevo mundo de las “epidemicas redes”.

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